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lunes, 14 de julio de 2008

Historia de tamunangue o Sones de Negro

Historia del Tamunangue o Sones de Negros

El Tamunangue constituye una tradición religiosa que tiene su origen en la devoción que se profesa a San Antonio de Padua. La extrañeza de esta palabra no ha podido ser descrita etimológicamente; sin embargo, algunos intentos que se han hecho en este sentido señalan que su origen pudiera estar en Sierra Leona, África Occidental.

El origen estaría asociado a la palabra Tamunango (nombre de un tambor), la cual al ser descompuesta deriva en amargura de nuestro pueblo (TA pueblo; MU nuestro; NANGO amargura). Pareciera, entonces, que la música del Tamunangue, interpretada a través de cánticos, décimas y baile, constituye una manifestación de nostalgia de las tres razas que se mezclaron en las riberas del río Tocuyo, donde se asentaban las primeras haciendas de caña de azúcar de la zona.

Y es que, a pesar de su condición de ritual religioso, el Tamunangue es una fiesta popular de tambores cuatros, quintos y maracas que se escenifica entre el 12 y el 13 de junio de cada año.

El inicio de la celebración lo marca un velorio en el que se reza un rosario y Un Salve para invocar a la Virgen María, al que prosigue un canto de tonos y décimas en honor al santo. Una misa y una procesión de la imagen de San Antonio por las calles del pueblo, entre fuegos artificiales y música, representan el fin del festejo religioso y el punto de partida de la celebración popular.



La Salve

Antes de dar inicio al velorio se canta la salve, que es la misma que rezan los católicos y contenida en el catecismo. La salve se ofrece por todos los congregados a esta devoción y por los dueños de la casa que ofrecen la promesa.

¿Qué es La Salve?

Es sentimiento de fe que involucra a los creyentes en una tradición.

Se canta para solicitar permiso al Santo y dar comienzo al Tamunangue o Sones de Negro.

Es una oración con pequeñas variantes del devocionario cristiano que luego ofrecen con un Padre Nuestro y un Ave María.

Los Sones de Negros

Un aspecto importante de la fiesta es la escenificación de la Batalla, la cual: "es un juego de esgrima con varas o garrotes" donde dos personas simulan una pelea, entre ataques y lances, al compás de las coplas que dedican los músicos al santo y los batalleros. La complejidad del Tamunangue se evidencia en la cantidad de sones que conforman el ritual. La Batalla, anteriormente explicada, es uno de ellos.

La Bella es un baile de galanteo libre y alegre, en el que danzan alternadamente parejas al ritmo de los cánticos de un solista y su coro.

El Yiyivamos o Yeyevamos simula mucho al baile de la Bella, aunque varía en música, letra y coreografía; las parejas danzan siguiendo las instrucciones del solista.

La Juruminga recuerda con sus movimientos y cánticos las labores del hogar y las tareas agrícolas del hombre; a diferencia de las anteriores, no se baila en círculo sino de lado.

En la Perrendenga, el cantante crea alegre y originales coplas mientras que la pareja baila suavemente floreando continuamente las varas.

El Poco a Poco es el son más aplaudido y el menos convencional por la capacidad histriónica que requieren los participantes. Este gracioso baile, dirigido por el solista, consta de tres etapas: Los Calambres, en el que el hombre simula un temblor que le recorre el cuerpo; la Guabina, caracterizada por compases alegres que permiten al bailador seguir danzando correctamente; y el Caballito, donde la mujer finge dominar al hombre.

En el Seis por Ocho o Seis Corrido, se realizan unas treinta y seis figuras entre los bailadores; constituye el último baile del Tamunangue.

Finalmente, el Galerón asemeja el baile del joropo, en el que participan alegremente varias, parejas y donde el hombre quiere deslumbrar a su mujer con sus destrezas.